[Vida Retro] Golden Axe

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Golden Axe no es un juego cualquiera, es todo un emblema de una época, de cuando el mundo del videojuego se encontraba en terrenos dubitativos pero con títulos como el que tenemos entre manos se empezaba a apuntalar. Os pongo en situación. Principios de los años noventa, pocos niños tenían la suerte de vivir en una ubicación tan privilegiada. Nada más salir del portal una plazoleta inmensa donde poder jugar cómo y cuanto se quisiera, en la acera de enfrente un salón recreativo ¿Se podía ser más feliz? Por supuesto que no.

Al salir del turno matutino del colegio (si, aunque no os lo creáis antes había jornada partida en la escuela) mi madre siempre me mandaba a comprar el pan, algo que podía ser una lata para el resto de mis amigos al no poder ocupar su tiempo en jugar a la pelota. Yo tenía otros gustos, a la vuelta siempre me quedaba con una moneda de 25 pesetas para disfrutar en el “recre”. Me sabía todas las máquinas de memoria, tanto su posición en el local como mecánicas de la mayoría. Era la manera de ver gameplays del momento, ponerte al lado de un sudoroso chaval que estaba jugando e ir fichando jugadas.

Ese día entré como siempre, amplia mirada desde la entrada y paseíllo ritual para ir viendo el percal pero algo trastocó los planes, había una nueva máquina en el salón y no había nadie jugando, por lo que al instante estaba frente los mandos viendo el espectáculo que se mostraba ante mí para conseguir que introdujera mi preciada moneda, fue amor a primera vista, fue Golden Axe.

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Tenemos entre manos un colosal beat’em up de los que hacen escuela, del corte más clásico, scroll lateral donde lo que prima es el arte de golpear y devastar enemigos con ayuda de nuestras armas, pericia a los mandos y magias. Lo mejor era disfrutarlo en modo cooperativo a dos players para intentar hacer la aventura más llevadera, aunque también era divertido ver cómo podíamos golpearnos y hacer una escabechina en la barra de vida del compañero.

No es ninguna broma decir que la aparición de este título de Sega datado en 1989 fue todo un acontecimiento en su momento. Arnold Schwazenegger hacía estragos en el imaginario popular con sus películas de Conan y este juego trasladaba todo ese mundo fantástico medieval de espada y brujería a las mil maravillas. Tres personajes seleccionables, el tío, la tía y el enano o mejor dicho Ax Battler, Tyris Flare y Gilius Thunderhead que habían de recorrer un reino plagado de esbirros del tirano Death Adder para arrebatarle el hacha dorada que usaba para someter al pueblo. Cada uno tenía sus virtudes, el enano era fuerte y resolutivo en el ataque cuerpo a cuerpo gracias a su gran hacha pero débil en sus ataques de rayo mágico; Ax era un personaje perfectamente balanceado entre fuerza, agilidad y poder mágico de tierra; por otro lado nuestra heroína tenía menos contundencia en sus golpes, pero lo equilibraba con un poder de fuego sin igual.

Las magias eran un elemento de lo más novedoso y atractivo en aquella época. Ciertos enemigos con aspecto de escurridizos gnomos portaban un saco que al golpearlos dejaban caer un item con forma de ánfora, al cogerlo se sumaba a nuestro contador de poder mágico que era distinto en cantidad para protagonista según sus cualidades y que en el momento que viésemos necesario podíamos lanzar sobre el escenario para dar paso a una más o menos espectacular animación dependiendo del personaje y número de ánforas en nuestro contador. Era brutal ver en pantalla tal despliegue gráfico caer sobre nuestros enemigos.

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Era muy ameno jugar por las distintas localizaciones que se nos presentaban por lo variado de su planteamiento: un bosque, un poblado, una tortuga gigante (sí, sí, no es broma), a lomos de un águila y finalmente la fortaleza del enemigo. Corto pero intenso, entre fase y fase jugábamos un mini-bonus donde conseguir magia y algún que otro power up para restablecer nuestra vida. A destacar que se nos daba la posibilidad de robar a alguno de nuestros enemigos sus preciadas monturas, dragones que lanzaban llamaradas o bolas de fuego y una especie de pájaro terrestre que se hacía valer a base de coletazo limpio.

Las limitaciones del momento hacían que se obviaran detalles que en la actualidad resultan inexcusables, los sprites de los enemigos eran bastante limitados y se intentaba dar variedad cambiando el color del atuendo de los mismos, algo bastante habitual en esos tiempos. De todos ellos no se olvidan los esqueletos, implacables máquinas de matar que podían hacer con sus veloces ataques que perdieras una vida en un abrir y cerrar de ojos.

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Quiero hacer hincapié en la jugabilidad del título, ya que la variedad de golpes estaba muy bien. En unos tiempos donde lo normal es que hubieran saltos, patadas y puñetazos, se mostraron mecánicas totalmente originales: un botón para lanzar magias, otro para golpear y el del salto. Diferentes combinaciones permitían hacer carreras con golpe, saltos con caídas bestiales e incluso golpes de reverso que evitaban ser masacrados. Evidentemente en la actualidad no se puede apreciar lo variado y exquisito que resultó ser pero sin duda quien lo vivió sabrá a lo que me refiero.

El juego apareció originalmente en formato arcade, de hecho es sin duda la mejor versión a disfrutar, pero fue porteado a multitud de plataformas: Master System, MS-DOS, Atari ST, Commodore 64, PC Engine, WonderSwan, Amiga y en la actualidad hay versiones para consolas virtuales de Sony, Xbox, está en Steam, recopilatorios varios, iOS y muchos más. Así que disfrutarlo no es nada difícil, pero he dejado para el final la que para mi es la mejor conversión de todas, la aparecida para Megadrive, un portento hasta tal punto que el equipo desarrollador conocedor de las limitaciones de la 16 bits respecto de la placa arcade decidió limitarlo en distintos apartados gráficos y sonoros pero a cambio varió el final del juego añadiendo una fase después de eliminar al supuesto boss del juego y sumando otro jefe final más difícil al anterior. Una maravilla que hoy día se ve raras veces y que no era extraño en aquellos tiempos, como ejemplo esta entrada donde hay un ejemplo de juego parecido en cuanto a esta práctica entre versiones en diferentes plataformas.

Ni qué decir tiene que un título tan exitoso tuvo sus secuelas, muchas y variadas por cierto, algunas de dudosa calidad, otras aguantaban el tipo pero ninguna de ellas con el carisma y repercusión de este juego. Es una verdadera pena que no haya podido volver a capturar el halo de personalidad y jugabilidad a raudales que aquí se puede observar. Sin duda los segueros de pro no harían ascos a ver algo similar pero adaptado a los tiempos que corren.

En resumen, este juego es un paso obligatorio para todo jugón que quiera experimentar los caminos del mundo retro y para quien ya lo disfrutó es una vuelta a la nostalgia con el mejor sabor que se pueda degustar en un paladar gamer.